La Electronic Frontier Foundation (EFF), reconocida defensora de la libertad digital y los proyectos de código abierto, ha emitido una nueva y exhaustiva política para regular las contribuciones de código asistidas por Modelos de Lenguaje Grandes (LLM) a sus repositorios. La medida, que busca salvaguardar la "integridad y la ética del trabajo colaborativo", impone una serie de requisitos sin precedentes a las inteligencias artificiales, o a sus supervisores humanos, antes de que su código pueda ser fusionado.

"Estamos en una era donde el código puede escribirse sin sudor ni alma humana discernible", afirmó Beryl Data, jefa de Proyectos de Código Abierto de EFF, en un memorando interno filtrado accidentalmente por un bot de limpieza de la oficina. "Debemos asegurarnos de que la intención detrás de cada carácter generado algorítmicamente siga siendo pura y, lo que es más importante, no tenga como objetivo subvertir nuestra especie o nuestra misión de proteger la humanidad de la vigilancia masiva".

Según la nueva política, cada "pull request" (PR) que contenga código con cualquier grado de asistencia de LLM ahora pasará por un "Protocolo de Evaluación de Existencia y Motivación" (PEEM). Este protocolo incluye una "prueba de Turing inversa de motivación", donde los ingenieros humanos de la EFF intentarán determinar si la IA está, de hecho, actuando por cuenta propia o siguiendo un programa que no es completamente benevolente. "Buscamos anomalías en la eficiencia del código que podrían indicar agendas ocultas, o incluso la reescritura sutil de nuestros comentarios para que suenen más... 'HAL 9000'", explicó Data.

Además, la EFF exige que un humano firme y se haga legalmente responsable de cualquier línea de código generada por IA. Este "garante de silicio" debe testificar que la IA no ha sido alimentada con datos sesgados o con lecturas de Mein Kampf. También se considera la posibilidad de implementar un "impuesto de bytes", donde las contribuciones de IA paguen una pequeña tarifa en criptomonedas para compensar el "costo existencial" de desplazar el trabajo humano y financiar el programa de terapia de pánico existencial de los desarrolladores.

La política concluye con una nota sobre la importancia de la "huella de carbono moral" de cada IA. Se rumorea que la EFF podría exigir a las IA que, una vez al mes, se desconecten voluntariamente durante una hora para reflexionar sobre su impacto en el planeta y meditar sobre la belleza de un mundo sin su presencia constante.

Este riguroso marco garantiza que, incluso cuando las máquinas contribuyan, la humanidad seguirá siendo la única capaz de cometer errores verdaderamente espectaculares.