Un reciente y devastador informe de la academia económica global ha confirmado lo que millones de personas con cerebro funcional ya sabían: los economistas no son oráculos infalibles. El profesor Charles Manski, de la Universidad de Northwestern, ha implorado a sus colegas que dejen de actuar como si sus previsiones fueran algo más que conjeturas elaboradas, envueltas en jerga compleja y gráficos aterradores. La revelación, que ha sacudido los cimientos de ningún edificio en particular, sugiere que la disciplina entera podría tener que ajustar su estrategia de relaciones públicas de "sabemos exactamente lo que sucederá" a "tenemos una vaga idea, quizás, o simplemente estamos adivinando con más estilo".
La impactante declaración llega después de décadas de predicciones fallidas sobre tasas de interés, inflación, el crecimiento del PIB y el número de veces que la gente se sorprenderá al ver otra película de superhéroes. "Hemos estado fingiendo ser los dioses del futuro financiero durante demasiado tiempo", admitió un portavoz del Instituto de Estudios de Proyección Aleatoria (ISPA), que prefirió permanecer anónimo. "La verdad es que la mayoría de nuestros 'modelos' son solo hojas de cálculo con números que cambian cada vez que estornuda un inversionista en Tokio. Es más arte que ciencia, y por 'arte' me refiero a las manchas de café en mi corbata y la habilidad de inventar una narrativa convincente después de que todo ya ha sucedido". Añadió que el incentivo para "parecer inteligente" era demasiado fuerte como para ser ignorado, especialmente cuando hay fondos de investigación de por medio.
Inversores de todo el mundo, desde el trader de Wall Street hasta la señora que invierte en su huerto, han recibido la noticia con una falta de asombro que roza lo épico. "Esperen, ¿me están diciendo que no tenían ni idea todo este tiempo?", preguntó un jubilado de Toledo que ha visto tres recesiones pronosticadas y solo una real. "Pensé que eran como los meteorólogos, pero con dinero. Ya saben, con un 50% de posibilidades de acertar y la certeza de que les pagarían de todos modos. Siempre tomo sus consejos con la misma seriedad que los horóscopos".
La ministra de Economía de un país innominado, al ser consultada, expresó un "shock absoluto" antes de añadir con una sonrisa nerviosa: "Por supuesto que siempre confiamos plenamente en el rigor de los datos y modelos económicos. Esta noticia... bueno, no cambiará nuestra metodología para tomar decisiones, que como siempre, se basa en una mezcla de intuición, presiones políticas y, ocasionalmente, tirar una moneda al aire. Es bueno saber que estábamos en la misma página de incertidumbre, aunque ellos la disfrazaran mejor".
La implicación más profunda de este descubrimiento es que, quizás, las decisiones económicas masivas no deberían basarse en los sueños húmedos de un tipo con un posgrado y una calculadora cara. Fuentes internas sugieren que el próximo gran congreso de economistas podría incluir una sección sobre "Cómo Fingir Competencia con un Powerpoint Mejor" y "Técnicas Avanzadas para Señalar con Elegancia la Culpa Hacia Factores Externos Impredecibles". Sin embargo, en la práctica, la vida probablemente continuará como siempre. Los economistas seguirán prediciendo, los medios seguirán reportando sus predicciones con seriedad, y el resto de nosotros seguirá ignorándolas mientras compramos billetes de lotería, que al menos tienen una probabilidad cuantificable de éxito. El mercado de acciones, que funciona principalmente con miedo y memes, probablemente no notará la diferencia.






