CIUDAD LATINOAMERICANA — Un nuevo estudio pionero del Instituto Latinoamericano de Estrategias Electorales Desesperadas (ILEED) ha concluido lo que millones de votantes ya intuían en el fondo de su alma: la práctica de elegir al "menos peor" de los candidatos genera niveles significativos de miseria existencial y daño moral irrecuperable. Los hallazgos, publicados en la revista *Abulia Cívica*, sugieren que esta estrategia democrática, lejos de ser un ejercicio pragmático, es una forma de auto-tortura sistemática.

La Dra. Sofía Resignación, principal autora del estudio y jefa del Departamento de Patologías Democráticas del ILEED, explicó que el equipo monitoreó a más de 10.000 votantes en cinco países de la región durante un ciclo electoral completo. Utilizaron una escala de "Felicidad Diferencial Post-Votación" que medía la brecha entre las expectativas del votante y el resultado real de su elección de "mal menor".

"Lo que descubrimos es un patrón consistente," afirmó la Dra. Resignación en una conferencia de prensa con tono sombrío. "Los votantes que eligen al 'menos peor' no experimentan alivio, sino una especie de fatiga moral. Es una victoria pírrica en el mejor de los casos, y en el peor, una prolongación del ciclo de la decepción. Básicamente, se sienten menos peor, pero eso es lo más lejos que llega la felicidad. A menudo informan de síntomas como irritabilidad crónica, cinismo agudo y la necesidad imperiosa de quejarse en redes sociales cada 20 minutos."

El estudio también identificó el "Síndrome del Descarte Crónico" (SDC), una condición psicológica que afecta a los individuos que han votado por el "menos peor" en múltiples elecciones consecutivas. Los afectados por SDC muestran una tendencia a justificar su elección con argumentos cada vez más elaborados y menos convincentes, a menudo repitiendo frases como "no había de otra" o "al menos no es X".

Carlos Desesperanza, un sujeto de prueba de 48 años que ha votado por el "menos peor" desde 1994, compartió su experiencia: "Cada vez que salgo de la urna, siento que acabo de elegir entre una patada en la espinilla y un puñetazo en el estómago. Ninguna es buena, solo una duele un poquito menos por un rato. Pero el dolor de cabeza de haberlo hecho yo mismo, ese sí que no se quita. Si hubiera un candidato que me prometiera la libertad de no tener que elegir, ese sí ganaba mi voto."

Los investigadores sugieren que este ciclo de votación por descarte no solo perjudica al votante individual, sino que también erosiona la confianza en el sistema democrático. Al no tener la oportunidad de votar *por* algo, sino siempre *contra* algo, la ciudadanía se acostumbra a la mediocridad como estándar, bajando las expectativas a niveles peligrosamente subterráneos. La única buena noticia, según el ILEED, es que este estudio finalmente ofrece una explicación científica al porqué las fiestas familiares se arruinan cada vez que alguien menciona las elecciones: el trauma es real y está científicamente probado.

El ILEED ha propuesto la creación de centros de "desintoxicación electoral" donde los votantes puedan recuperarse del daño moral y aprender a lidiar con la verdad de que, a veces, la única diferencia entre los candidatos es qué tan rápido te sumergen en el abismo.