SAN RAMÓN, CA – En un movimiento que seguramente será recordado por su audaz "altruismo corporativo", Chevron anunció esta semana que compartirá su tecnología patentada de extracción de petróleo de esquisto con sus competidores. La petrolera líder, conocida por su incansable búsqueda de la eficiencia y el beneficio, afirmó que su motivación es "acelerar la producción global" y "garantizar la seguridad energética". Es decir, más petróleo, más rápido, para todos, y que nadie se quede fuera de la fiesta del crudo.
"Estamos en un punto crítico donde la colaboración es esencial para satisfacer la creciente demanda mundial", declaró un eufórico Dr. Octavio Carbono, director de 'Iniciativas de Maximización de la Tierra' de Chevron, durante una conferencia de prensa en un pozo de fracking en activo. "Nuestra tecnología ha demostrado ser increíblemente eficaz para liberar esos valiosos hidrocarburos que, de otro modo, se quedarían atrapados en el suelo, sin generar dividendos para nuestros accionistas ni para la civilización tal como la conocemos. Creemos firmemente que cada compañía merece la oportunidad de contribuir al futuro energético... y a nuestros márgenes de beneficio, naturalmente."
La medida ha sido recibida con una mezcla de sorpresa y gratitud calculada por parte de otras grandes petroleras, que ahora pueden optimizar sus propias operaciones de perforación sin la molestia de la investigación y el desarrollo. Un ejecutivo de ExxonMobil, quien solicitó anonimato porque "aún no habíamos descubierto cómo hacer esto sin que pareciera que nos importaba el medio ambiente", admitió que la oferta de Chevron es "un golpe maestro". "Básicamente nos han dado el plano para sacar más veneno de la tierra, más rápido. Es como si nos dijeran: '¿No estabais perforando lo suficientemente rápido? Aquí tenéis las herramientas, ahora no hay excusas'."
Analistas de la industria especulan que la "generosidad" de Chevron podría estar estratégicamente diseñada para inundar el mercado con petróleo, potencialmente bajando los precios para los consumidores, pero más importante, para aplastar a los productores más pequeños y menos eficientes, y asegurar una dependencia global continua de los combustibles fósiles. Además, con más petróleo en el mercado, se justifica la expansión de la infraestructura de oleoductos y refinerías de Chevron, asegurando que, sin importar quién perfore, ellos ganen en el transporte y procesamiento.
En última instancia, lo que parece ser un acto de bondad es, de hecho, una brillante táctica para asegurar que el negocio del petróleo continúe prosperando, con Chevron en el centro de todo, mientras se presenta como el amable gigante que solo quiere que todos, especialmente los accionistas, tengan suficiente. Porque, ¿qué podría ser más "sostenible" que la inagotable sed de ganancias?





