en un giro inesperado que ha sacudido a los gurús del big data y a los analistas de métricas de engagement global, el ceo de netflix, ted sarandos, ha desvelado una verdad incómoda: el éxito masivo de uno de sus programas más grandes no pudo ser predicho por ni un solo algoritmo, ni una hoja de cálculo, ni la miríada de clics y reproducciones que la plataforma rastrea con devoción. la admisión es para netflix el equivalente a que el vaticano negara la existencia de dios.

sarandos, conocido por su fe ciega en el poder predictivo de los datos, explicó que 'nada en los datos' podría haber anticipado el fenómeno. esto significa que miles de millones de dólares invertidos en inteligencia artificial y ejércitos de científicos de datos que viven de analizar cada micro-pausa y re-bobinado de los usuarios, fueron tan útiles como una bola de cristal en un casino. la empresa que prometió terminar con la incertidumbre en el entretenimiento, ahora se topa con la molesta realidad de que los espectadores son, bueno, personas.

un ingeniero de datos de netflix, que pidió anonimato por temor a ser reemplazado por un chatbot, comentó: 'hemos optimizado hasta el color del botón de play basándonos en patrones de comportamiento. tenemos modelos que predicen si un usuario preferirá dramas coreanos o documentales sobre crímenes reales basados en el ángulo de su pulgar. pero luego la gente simplemente decide ver algo porque le da la gana. es como un error en la matriz. un error humano, para ser exactos'. la frustración es palpable en los pasillos de su sede en los ángeles, donde las pizarras que antes mostraban complicados diagramas de flujo de decisión, ahora solo tienen garabatos de signos de interrogación y caritas tristes.

la noticia ha provocado un debate existencial en el sector tecnológico. ¿es posible que la intuición, esa arcaica habilidad humana de 'sentir' lo que funcionará, todavía tenga un lugar en la era de los datos masivos? ¿o es que la gente, saturada de recomendaciones algorítmicas, se está rebelando subconscientemente al optar por lo impredecible, solo por joder? un portavoz de una consultora de 'big data emocional' sugirió: 'quizás debamos empezar a rastrear los sueños de los usuarios. ahí debe haber algún patrón. o al menos, los memes que comparten. esos son menos aleatorios que el gusto individual'.

mientras tanto, los creativos de la industria, relegados a un segundo plano ante el implacable 'lo dicen los datos', se ríen para sus adentros. la lección, aparentemente, es que a veces, incluso con trillones de puntos de datos, una buena historia sigue siendo una buena historia. y la gente, contra todo pronóstico estadístico, sigue teniendo la molesta costumbre de decidir por sí misma. un hábito que, para netflix, es tan desconcertante como el éxito de un programa sin 'engagement' algorítmico certificado.