VALENCIA. El aeropuerto de Valencia ha anunciado la inminente remoción y subasta de un avión de carga modelo Il-76, que ha permanecido estacionado en sus pistas desde 2006, acumulando una deuda estimada en millones de euros por concepto de tasas de aparcamiento. La aeronave, perteneciente a una compañía ucraniana ya desaparecida, es el último eslabón de una cadena de negligencia que culmina con su eventual desguace si no encuentra comprador.
Fuentes internas del gestor aeroportuario AENA han confirmado que la decisión se tomó tras años de intentar localizar a los propietarios y de evaluar las opciones legales. "Hemos agotado todas las vías," declaró un portavoz, bajo condición de anonimato. "Inicialmente, era un problema menor, una aeronave más. Pero dieciocho años después, se convierte en un símbolo de la eficiencia, o la falta de ella, de nuestro sistema. Es como un coche aparcado en doble fila, pero con alas y un costo de mantenimiento que haría llorar a un banco." La acumulación de las tasas diarias, sumada a los intereses y los costes administrativos asociados a su inmovilización y seguridad, ha transformado el avión en un activo negativo.
Expertos en aviación consultados sobre el caso no se muestran sorprendidos. "Es un fenómeno más común de lo que se cree," explicó la Dra. Elena Ríos, catedrática de Logística Aeroportuaria de la Universidad de Cartagena. "Los aviones se abandonan por quiebras de aerolíneas, disputas legales o simplemente porque su valor residual no justifica el coste de su recuperación o desmantelamiento. Se convierten en un dolor de cabeza burocrático, una patata caliente que nadie quiere sostener." La Dra. Ríos añadió que el Il-76 de Valencia es un "ejemplo paradigmático de cómo el papel lo aguanta todo, incluso dieciocho años de un avión oxidándose." Los empleados del aeropuerto, por su parte, se habían acostumbrado a su presencia. "Era parte del paisaje," comentó un técnico de mantenimiento que prefirió no ser identificado. "Los más jóvenes creían que era una escultura moderna o un extra permanente para películas de desastres. Algunos incluso le ponían nombres, como ‘El Dormilón de la Pista Tres’."
La subasta, que se espera genere un interés moderado entre empresas de desguace o coleccionistas excéntricos, representa la última oportunidad de recuperar algo de la inversión perdida. Se estima que el proceso de remoción y preparación para la subasta costará varias decenas de miles de euros adicionales, sumándose a la factura total. Mientras tanto, el incidente ha reavivado el debate sobre la gestión de activos abandonados en infraestructuras críticas y la velocidad con la que las administraciones públicas abordan estos "pequeños" problemas que, con el tiempo, adquieren proporciones monumentales. Algunos proponen crear un "cementerio oficial de aviones olvidados", para que al menos sirvan de atracción turística. Otros, simplemente, esperan que el próximo avión abandonado tarde menos de dos décadas en ser notado.
"Al final," concluyó el portavoz de AENA, "es una lección costosa sobre la importancia de leer la letra pequeña del contrato de aparcamiento. O de asegurarse de que tu aerolínea no va a desaparecer de la faz de la Tierra con tu avión aún en la pista."
El Il-76, un gigante del aire diseñado para cruzar continentes, pasará de ser un mero olvido burocrático a un chatarra muy cara, demostrando que incluso la inmovilidad tiene un precio astronómico cuando se gestiona con la parsimonia de la administración pública.



